Lo mejor que tuvo nuestro siglo XX cambalache fue sin duda la derrota del fascismo y el comunismo, para dar paso a una estructura mundial globalizada. Pero siempre quedan retazos que nos atan al pasado, e intentan continuar aferrados a sistemas estatistas retrógrados que sólo socaban los cimientos de la nueva sociedad que se intenta construir. Los sistemas de libre mercado han demostrado que a la larga logran una mejor justicia social, eso sí, también debemos de contar con políticas claras para no menoscabar a los grupos más vulnerables, que son los que al fin y al cabo, reciben los beneficios a más largo plazo.
Hoy se acusa de “Lucro” a estas instituciones, pero díganme ustedes ¿quién arriesga su capital para un negocio sin esperar ganancias? Los únicos beneficiados a largo plazo son los estudiantes, ya que hay mayor oferta de carreras y mejores formas de financiamiento. Si matamos esta forma de emprendimiento, a la larga tendremos que conformarlos con sólo las entidades estatales que no suman más que un puñado, y no estarán exigidas a superarse porque no existirá competencia alguna, y el estado se reventará buscando solventarlas.
En un negocio donde no exista el lucro (plusvalía) está destinado al fracaso, porque el estado no puede subsidiar a todos ni invertir el dinero de todos en algo que no contemple retorno.
¿Quién termina pagando al final la educación de los que hoy quieren tenerla gratis? No hay que pensarlo mucho, para saber que son los que por uno u otro motivo no lograron acceder a la universidad. O sea, entramos a un círculo vicioso que el estado deberá solventar, y el estado, que al final somos todos nosotros, así, terminaremos pagando los platos rotos.
Esta niñita (Vallejo) que hoy pide educación de calidad gratis, ¿estará dispuesta cuando egrese de una de las carreras mejor remuneradas, a trabajar gratis por algo que todos contribuimos a pagar? Lógicamente que no, porque ni si quiera sabe aún lo que es trabajar, como lo sabemos la gran cantidad de gente adulta, que sabe muy bien lo que es ganarse el pan cada día. Sin embargo, hoy está empapada de ideologías utópicas y retrógradas que no han funcionado en ningún país.
Hoy por hoy, ella ha empezado a entramparse con miembros de oposición que están asociados con miembros de su propio bando, sin darse cuenta que la oposición política es sólo para la TV, y después arreglan sus desavenencias en banquetes (como una gran familia de políticos) donde transan las leyes, y al final, son los contribuyentes los que pagan.
En estos tiempos los ciudadanos debemos entregar el voto a las personas, y no, a ideologías. En tiempos de votaciones hay que estar atentos a los candidatos con propuestas claras y definidas, que busquen el puesto para trabajar por la ciudadanía y no para vender humo o encantar serpientes. Apoyar a los emprendedores que generan formas de trabajo y no a aquellos que se allegan a las municipalidades pidiendo ayuda sin dar ningún esfuerzo a cambio. El buen dirigente político debe saber con claridad quién realmente necesita de ayuda efectiva, de los que sólo buscan beneficios sin dar nada a cambio. Solamente de esta forma eliminaremos el parasitismo de gente que no está dispuesto a esforzarse, y menos deseos de engrandecer su país y a sus nuevas generaciones.













Comentarios
Atte. Carlos Peña y Lillo H.
se plasma como un nuevo totalitarismo porque pretende gestionar el conjunto de las relaciones sociales. Nada debe escapar a la dictadura de los mercados y ello convierte al liberalismo en un nuevo totalitarismo que sigue a los dos anteriores. ¿por qué la educación y salud no podría ser gratis? al mercado no le conviene... a los dueños del país no le conviene... a los extranjeros dueños del país no les conviene. Por último... las ideas que se configuran coherentemente forman una ideología...
¿serà bueno votar por personas sin idealogìas?
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