Rengo al Día

Semblanza de Eduardo Ossandón

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ossandonDebe haber sido en mis tiempos de liceo que comencé a escuchar de la existencia de un pintor que se llamaba Eduardo Ossandón y que era el orgullo de Rengo. Siempre que salíamos de clases nos íbamos a conversar a la plaza, y de preferencia lo hacíamos en la esquina opuesta al correo. Una vez alguien dijo: “Miren, ése es Eduardo Ossandón”. Miramos para allá, y ahí estaba el hombre, moreno, de bigotes y sentado en una bicicleta y apoyado en la solera. Oteaba y seguramente recordaba sus años juveniles. Tiempo después lo volví a ver en idéntica posición.

    Seguramente el pintor le pedía la bicicleta a su primo “Cheo” Silva y se iba pedaleando a  recorrer esas calles que había conocido como la palma de su mano, yendo y viniendo al establecimiento del costado sur de la plaza. Si aparecía en los diarios un comentario sobre alguna exposición suya en la capital, yo leía con atención los conceptos que allí se exponían en torno a sus temas, su estilo, sus trazos. O sobre las emociones que despertaban sus cuadros en los que retrataba trastos viejos, una puerta, una vieja plancha a carbón. Eran las cosas que lo habían acompañado en su devenir de niño sin padre y de habitante de un sector rural del Rengo de entonces. Y de alumno talentoso al cual “le picarían las manos” por darle color a esos  objetos que seguramente dibujaba sin pausa en sus cuadernos. Hasta que fue a la universidad para aprenderlo.

    Ese interés por estudiar y ese talento demostrado en el liceo debe haber sido lo que influyó para que uno de sus profesores, don Rafael Ossandón, decidiera darle su apellido para que regularizara su situación civil, porque aparentemente se llamaba Eduardo Silva Lizana, aunque no existía legalmente como tal. Hoy emociona leer las confesiones que le hizo a la periodista Ximena Torres para la revista “Paula” de abril de 1998, sobre el tema de los “huachos”. Los “huachos” abundan y no la llevan fácil por la vida, pese a ser muchas veces miembros de familias de buen nivel económico y cultural, como es precisamente el caso de este hombre al que, con cariño, sus amigos santiaguinos, sus colegas, apodaban “Huaso”, el “Huaso” Ossandón.

    A él no le incomodaba el apodo. Y hubiera sido hermoso verlo ungido con el Premio Nacional de Arte, para gloria suya y de esta tierra que lo vio nacer. Sentado en la bicicleta mencionada, alto, con su tez morena y sus bigotes; con su falta de atuendos de pintor famoso, de profesor de la Chile, donde se había formado, era fácil pensarlo como un hombre de campo, un trabajador de fuerza. Mejor todavía si se le escuchaba hablar. En la entrevista ni se arruga para decir que se quedó “con la tarasca abierta” cuando uno de sus hermanos lo reconoció como tal en Madrid y lo recibió en su departamento. (Tuvo tres hermanos, pues su madre, que siempre ocultó su existencia, se casó con un platudo. “¡Vieja lesa!”, le comenta él a la periodista).

    En el tiempo de sus visitas a la plaza yo no sabía un ápice de pintura, así que difícilmente hubiera podido hacerle una pregunta con fundamento. Más adelante, sin embargo, tuve que aprender aquí en Valparaíso, porque en el Decano me pusieron a cargo de Arte y Cultura, entre otras secciones que cubrí. Y por esa razón me tocó entrevistarlo, con motivo de una exposición en la galería de arte “Modigliani”, de Dino Samoiedo, en Viña del Mar. Yo era amigo de Dino, quien sabía que yo era renguino como el pintor, con el cual se tuteaba (los visita a todos en sus talleres y es amistoso con ellos y con todo el mundo). Conocerlo fue una alegría, y se lo expresé al pintor con todas sus letras. Y hablamos de Rengo por supuesto.

    Después Dino me contó que, tras preguntarle cómo le había caído el periodista que lo había entrevistado, Ossandón le había respondido: “Simpático el weón”. Yo tendría que decir lo mismo, aunque hoy, con motivo de su muerte, lo digo con el mayor respeto. Y espero asistir al acto en el cual una calle, una plaza de Rengo tome su nombre.
                                                                                                    

Comentarios  

 
+3 #2 Jesús De Pablo Becer 30-01-2013 15:55
Se me hace una obligación en justicia decir que don Eduardo Ossandon, pintor renguino, e isleño de corazón fue declarado Hijo Ilustre de Rengo por el Alcalde don Héctor Aliro Molina Ferreira, durante su período como máxima autoridad de la comuna, el año 1964, le confiriera tan merecida distinción. Espero con esta breve información desalojar la ignorancia en estos temas. Cabe agregar que junto a don Eduardo Ossandon, fue declarado Hijo Ilustre de Rengo el Sr Carlos Isamitt Alarcón, músico, pintor, y Premio Nacional de Arte el Año 1965.



N de la R. Estimado señor, es de suma importancia su posteo, ya que de esta forma los renguinos nos enteramos de tan importante acontecimiento. Quien hoy es martillero público de nuestra comuna , en su debido momento, hizo un nombramiento de suma justicia.
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+3 #1 Vicente Núñez Horth 29-01-2013 16:12
Soy de la Isla, y tuve el gusto de ser amigo y conocer a Eduardo (Lalo) desde niño y a toda su familia, Don Gerardo, "El Cheo", la Juanita Silva y recuerdo con mucha nostalgia cuan él se sentaba en la orilla del rio claro, para pintar con sus pinceles el paisaje del entorno.
También soy compañero de curso de Eugenio Rodriguez, periodista autor de la Semblanza de Eduardo Ossandon y mejor de que lo que Eugenio solicita, solicito a las autoridades de Rengo, que Eduardo debería ser nombrado "Hijo Ilustre" de Rengo y en especial de La Isla y sin lugar a dudas postularlo al Premio Nacional de Artes.
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