
El movimiento social de los patagones nos ha introducido a un escenario distinto, pero con los mismos problemas de fondo que la sociedad chilena está denunciando y pretendiendo cambiar a través de los movimientos sociales, o dicho mas moderadamente de mejorar el sistema, para transitar hacia el desarrollo pero con una sociedad más justa, con oportunidades reales de promoverse en el sistema y poder gozar de los beneficios del crecimiento, que es posible gracias a la explotación de las materias primas o commodities, que es el patrimonio de todos los chilenos.
Dicho lo anterior, convengamos en que los Ayseninos tienen sus problemas específicos, principalmente relacionados con la conectividad y con los suministros de servicios básicos, como salud y educación, toda vez que no cuentan con hospitales completos y autosuficientes, ni con los especialistas necesarios, y no hay en la zona universidades, a lo que debemos sumar las características climáticas extremas de la región. Todo lo anterior, se traduce en un aislamiento extremo y los hace dependientes de otras ciudades como Puerto Montt o Valdivia en algunos casos, para las atenciones médicas de mayor complejidad y para acceder a la educación superior, y lo peor, es que tienen más a la mano la asistencia de los Argentinos con quienes han establecido algunos convenios de cooperación.
Se ha discutido mucho en los tiempos, en relación con la descentralización y desconcentración del Estado chileno, sin que haya hasta la fecha una expresión de voluntad real, de transitar hacia un país con regiones independientes, que puedan administrar libremente sus recursos naturales, que tengan patrimonio propio, que elijan a sus propias autoridades y que aporten residualmente para lograr algún grado de equivalencia económica en todo el país, en otras palabras avanzar hacia una especie de Estado Federal como es el caso Argentino en América Latina o de la gran mayoría de los países europeos. El último país Europeo que hizo esta gran reforma, fue Francia a principios de los 80 estando en la presidencia Mitterrand y fue el hito indiscutido según los analistas económicos del mundo, que hizo de Francia uno de los países más prósperos de Europa.
Tenemos que seguir ese ejemplo, el centralismo es sinónimo de pobreza, de corrupción, de injusticia, y de tantos otros males sociales que provoca la concentración de habitantes en las grandes urbes, para que ello ocurra, es necesario dotar a las regiones de instrumentos y herramientas útiles para su autodeterminación en materias propiamente regionales.
El caso de Aysén encaja de manera perfecta en esta problemática, atendido que la realidad en esa zona, es muy distinta a la del centro del país, así como distinta es también, de la zona norte de Chile.
El hecho de otorgarle a las regiones elementos reales de independencia y autodeterminación, se traduce en una mayor estabilidad social, en una mayor paz social, además de fortalecer la democracia y hace que nuestras instituciones recuperen el sitial de respeto y adhesión social de que históricamente gozaron.
Recientemente los partidos Democracia Cristiana y Renovación Nacional, mostraron una luz en esa dirección, ya que cuando nos sorprendieron alcanzando un acuerdo respecto de la modificación del sistema binominal y la moderación del sistema presidencialista, también abarcaron aspectos referidos a la elección de los intendentes y gobernadores y de los miembros de los consejos regionales, lo que haría más grande y creíble nuestra democracia.
Para terminar invito a mis lectores a reflexionar sobre la importancia de la regionalización, y a comprender que en la medida que fortalezcamos a las regiones en el sentido desarrollado anteriormente, los conflictos regionales no tendrán connotación nacional, no se paralizará el país con las manifestaciones sociales y las soluciones serán más fáciles de alcanzar.
Se ha discutido mucho en los tiempos, en relación con la descentralización y desconcentración del Estado chileno, sin que haya hasta la fecha una expresión de voluntad real, de transitar hacia un país con regiones independientes, que puedan administrar libremente sus recursos naturales, que tengan patrimonio propio, que elijan a sus propias autoridades y que aporten residualmente para lograr algún grado de equivalencia económica en todo el país, en otras palabras avanzar hacia una especie de Estado Federal como es el caso Argentino en América Latina o de la gran mayoría de los países europeos. El último país Europeo que hizo esta gran reforma, fue Francia a principios de los 80 estando en la presidencia Mitterrand y fue el hito indiscutido según los analistas económicos del mundo, que hizo de Francia uno de los países más prósperos de Europa.
Tenemos que seguir ese ejemplo, el centralismo es sinónimo de pobreza, de corrupción, de injusticia, y de tantos otros males sociales que provoca la concentración de habitantes en las grandes urbes, para que ello ocurra, es necesario dotar a las regiones de instrumentos y herramientas útiles para su autodeterminación en materias propiamente regionales.
El caso de Aysén encaja de manera perfecta en esta problemática, atendido que la realidad en esa zona, es muy distinta a la del centro del país, así como distinta es también, de la zona norte de Chile.
El hecho de otorgarle a las regiones elementos reales de independencia y autodeterminación, se traduce en una mayor estabilidad social, en una mayor paz social, además de fortalecer la democracia y hace que nuestras instituciones recuperen el sitial de respeto y adhesión social de que históricamente gozaron.
Recientemente los partidos Democracia Cristiana y Renovación Nacional, mostraron una luz en esa dirección, ya que cuando nos sorprendieron alcanzando un acuerdo respecto de la modificación del sistema binominal y la moderación del sistema presidencialista, también abarcaron aspectos referidos a la elección de los intendentes y gobernadores y de los miembros de los consejos regionales, lo que haría más grande y creíble nuestra democracia.
Para terminar invito a mis lectores a reflexionar sobre la importancia de la regionalización, y a comprender que en la medida que fortalezcamos a las regiones en el sentido desarrollado anteriormente, los conflictos regionales no tendrán connotación nacional, no se paralizará el país con las manifestaciones sociales y las soluciones serán más fáciles de alcanzar.











